No somos encubridores

Nuestro compromiso es con la justicia. Una reflexión en absoluto particular

 

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Es prácticamente inevitable callar, sentimos que es necesario, oportuno y pertinente hacer una reflexión, entendiendo por reflexionar; aproximarse críticamente a un tema o a una situación. En esta oportunidad, a la que afecta al obispo católico Ricardo Ezzati, quien acaba de comunicar que no encabezará el Tedeum Ecuménico por la Patria a celebrarse el próximo 19 de septiembre, accediendo a dar un paso al costado, empujado por la inmensurable presión que ejercieron en su contra, diarios y revistas internacionales como el New York Time y The Economist, y personalidades relevantes, como la Presidenta de la Cámara de Diputados y el Presidente de la República. El obispo Ezzati ha sido citado a declarar como encubridor de abusos sexuales, y como es el líder nacional de una Iglesia Católica que se está destruyendo por lo mismo, por la comisión de los despreciables abusos sexuales contra niños y jóvenes, cometidos por centenares de malhechores y despiadados sacerdotes y religiosos del catolicismo.

 

Estimamos que; cuando las autoridades de la Iglesia Católica reconocen las deleznables acciones de sus miembros y expresan en una declaración pública lo siguiente: "humildemente que hemos fallado a nuestro deber de pastores al no escuchar, creer, atender o acompañar a las víctimas de graves pecados e injusticias cometidas por sacerdotes y religiosos. A veces no reaccionamos a tiempo ante los dolorosos abusos sexuales, de poder y de autoridad y, por ello, pedimos perdón en primer lugar a las víctimas y sobrevivientes". Y, también que cuando publican la lista de los sancionados por estos delitos, hacen bien, pero con demasiada tardanza. A estas alturas opino que; la petición de perdón, y la transparencia de los nombres y vilezas de los malhechores, son necesarias, pero inconducentes. Lo que correspondería hacer es, convenir con las “víctimas y los sobrevivientes” los términos de las reparaciones económicas. Parte de los recursos pueden generarse por la venta de la Iglesia de los Doce Apóstoles, cuyas ruinas, no solo desacreditan a sus propietarios, afean la Avenida Argentina del Puerto, y constituyen como una ofensa a la ciudad de Valparaíso.

 

En estos días también, la Iglesia Evangélica ha sido salpicada, por la detención de Tomas Maluenda, un individuo que, según el Departamento Antidrogas de Carabineros, oficiaba como pastor evangélico, predicando en recintos carcelarios, y que ha sido detenido por “participar de microtráfico de sustancias ilícitas en la comuna de Pudahuel”. Frente a este imperdonable hecho, el Concilio Nacional de Iglesias Evangélicas de Chile, se ha apresurado para declarar que: “Rechazamos de la forma más categoría el accionar delictual de cualquier persona que tenga, o diga tener algún cargo en la iglesia evangélica. En este sentido no somos encubridores y nuestro compromiso es con la justicia. En este caso en particular, no nos consta su condición de religioso. Menos de su accionar coordinado con el Ministerio Carcelario que impulsa nuestro Concilio. Lo anterior nos lleva a solicitar al gobierno extremar el cuidado en la entrega de acreditaciones de “pastor” a cualquier persona que indique dirigir una entidad religiosa, ya que, a través de esta condición, la delincuencia puede encontrar un nuevo espacio para ocultar su ilícito accionar.”

 

Se estima que la rotunda confesión de la CONIEV, en cuanto a que no son “encubridores”, y que les anima un profundo “compromiso con la justicia”, debiera hacer reflexionar a los más de veinticinco mil pastores evangélicos que hay en el país, en la dirección de mejorar, no solo el desempeño ministerial, sino sobre todo, el cuidar para elevar los estándares éticos personales y familiares. Es cierto, ni la CONIEV, y ninguna otra organización pastoral Interdenominacional, tiene autoridad legal para juzgar y disciplinar a un pastor, pero tienen la posibilidad de reconocer y denunciar públicamente a un ministro del culto, que este cometiendo, no solo abusos sexuales a menores, también infidelidad, violencia intrafamiliar, y otros actos reñidos con la conducta cristiana, no importando si este ministro, es un pastor probando, o se hace llamar apóstol, y si dirige una iglesia pequeña, o grande. Por su puesto, y esto es obvio, que si las autoridades políticas del país, se han permitido condicionar su asistencia a un oficio religioso republicano, dependiendo de quién lo dirija, le otorgan al religioso la misma facultad, la de eximirse de predicar, dependiendo de qué Presidente, o que Presidenta asista.

 


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