Inmigrantes para construir sociedad
Una propuesta societal cristiana que privilegie el interés nacional

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En el anochecer del día 31 de marzo pasado, los medios de comunicación informaron que dos hombres de nacionalidad colombiana, estando en el interior de un vehículo, ubicado a pocas cuadras del Palacio de La Moneda sede del Poder Ejecutivo, fueron acribillados a balazos. Las victimas fueron baleadas al menos en siete ocasiones, sin que se produjera ruido, pues los criminales usaron armas con silenciadores. Personal de la policía uniformada y de la PDI  presumen que sería un ajuste de cuenta entre bandas extranjeras que trafican drogas. Después de estos meses, es seguro que no hay detenidos, tampoco sospechosos, porque se trata de criminales profesionales extranjeros, que están acostumbrados y saben como hacer las cosas para no ser jamás descubiertos. Este horrible crimen, que se sepa impune hasta el momento, constituye el macabro aviso, que han llegado al país, inmigrantes que no vienen a estudiar, que no vienen a trabajar, que no vienen a hacer familia, sino que han venido a destruir, trayendo su venenosa mercadería y sus criminales métodos de presión.

Nos alegra que el discurso de Donald Trump haya inspirado al Senador Manuel José Ossandón, al expresidente Piñera, al gobierno y a la clase política a enfrascarse para meterle tijera al  problema que origina la inmigración criminal. El Departamento de Extranjería informa que viven en el país  470.000 extranjeros, y entendemos que se trata de inmigrantes legales, que están registrados, identificados, el gobierno sabe donde viven y lo que hacen, pero, también nos hacemos las siguientes preguntas: ¿Hay inmigrantes ilegales? ¿Estimativamente cuántos? ¿El gobierno tiene alguna idea de esto? Nuestro país tiene largas fronteras terrestres con Argentina, Perú y Bolivia y solo unos cuantos pasos habilitados y miles de kilómetros por donde puede entrar cualquiera, esto sin contar, las facilidades que otorga el inmenso mar y el espacio aéreo. No hay dudas, en nuestro país, debe haber ciento de miles de inmigrantes ilegales, que por el solo hecho de serlo, están delinquiendo, porque, entrar el país por un paso no habilitado, es delito.

Nos alegra la propuesta del Senador Ossandón, del expresidente Piñera, y que del gobierno se haya filtrado que tiene la intención de reformar la Ley Nº 1.094 que establece normas sobre los extranjeros en Chile, y que fue expedida por la Junta de Gobierno el año 1975. En cuanto a las tajantes opiniones de muchos, que rechazan asociar la inmigración a la delincuencia, decimos que mientras no se descubra el tamaño de la inmigración ilegal y su relación con el narcotráfico y el crimen, son simples expresiones neófitas. Cuando la primera autoridad dice que los inmigrantes son un aporte al país, se está refiriendo a la inmigración legal, a los extranjeros documentados, pero la delincuencia no la originan ellos, y no creo que sean legales los extranjeros que acribillaron a balazos a los colombianos cerca de su oficina el pasado 31 de marzo a las 20,00 horas. Ella se está refiriendo a los que nos llaman para vendernos planes de telefonía, a los que contestan cuando llamamos para reclamar a la operadoras de internet y televisión por cable. Pero, los inmigrantes ilegales deben ser deportados inmediatamente.

Contribuimos al debate entregando una propuesta que se inspira en los fundamentos de nuestro proyecto societal cristiano. Dado que nuestro país adolece de una Política de Población, la procreación es insuficiente para reemplazar las muertes, aumenta la longevidad y crece la profesionalización de los chilenos, es necesario recurrir a la inmigración, Chile lo hizo en el siglo XIX y los ingleses y alemanes protestantes que llegaron le cambiaron el destino a la sociedad. Proponemos una política de inmigración que explique a Chile, que detalle las áreas de producción que requieren personal, especialmente los proyectos alejados del centro geográfico. La idea incluye una oficina parecida a Pro Chile que promueva al país con el objetivo de invitar a radicarse. Que los interesados llenen el formulario y que la agencia seleccione a los que vengan para quedarse. La estrategia no apunta al establecimiento de colonias, sino a conseguir nuevos chilenos. Se favorecerá a los interesados que tengan una familia constituida y que pertenezcan a una denominación evangélica en su país de origen.

 


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