Conservar a los malvinenses para el cristianismo

Los valores cristianos están orientando las votaciones políticas de la mayoría de los países americanos, y a partir de octubre sucederá en la República Federativa de Brasil, y anhelamos el día cuando todos en el continente cantemos el himno del guatemalteco Alfredo Colom “América Será Para Cristo”, fe que retendremos y que estamos dispuesto a defender cinéticamente, lo que nos diferencia de Europa que marginó al cristianismo por la antropología bíblica, y que ahora cayó en un franco, vertiginoso e irreversible proceso de islamización. Y a esta sumatoria de naciones cristianas americanas, ciertamente queremos incluir a los malvinenses para liberarlos del wokismo europeo y alejarlos del Londonistan, el yihadismo religioso que controla Londres donde ya hay 500 mezquitas, y que se extiende por todo el Reino Unido donde ya hay más de 2.000.
Las Malvinas y demás islas al volver a sus verdaderos propietarios argentinos renovarán sus raíces cristianas y con ellas se fortalece la democracia, cunde la libertad económica y se enriquecen sus habitantes. La historia ha demostrado que el cristianismo impacta a las sociedades; generando cohesión social, solidaridad y patriotismo, afirma la dignidad de las personas, fortalece el respeto a los derechos humanos, promueve la educación, impulsa el desarrollo científico y fomenta las expresiones culturales, y da al hombre y a la mujer un sentido propositivo para sus vidas, lo que redunda en bienestar individual, moral, salud mental y libertad. Los países cristianos americanos no tienen reyes, no tienen una policía moral que golpea a los ciudadanos para que se arrodillen al sonido desde el minarete, y no obligan a las mujeres a taparse de la cabeza a los pies y no ahorcan a los infieles en las calles y la plaza pública.
Los malvinenses votan para pertenecer a la Corona, pero cuando vean venir al Dáesh, el califato, el emir, el sultán, la sharía, el halal, el Haram, la dawa, la fatwa y la yihad, agradecerán y honrarán a la Casa Rosada, izaran la albiceleste, cantarán alegres “Sean eternos los laureles” y celebraran los triunfos de la Scaloneta. Por todo esto y por mucho más apoyamos la declaración del Presidente Kast al reiterar “el respaldo del Gobierno de Chile a los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, y ratificó la necesidad de que los Gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte reanuden las negociaciones a fin de encontrar, a la mayor brevedad posible, una solución pacífica y definitiva a la disputa de soberanía de conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas y otros foros regionales y multilaterales.”
Es importante destacar que las declaraciones del Presidente Kast, sincronizan con las del Presidente Trump, quien ha dicho recientemente que Washington podría poner bajo revisión su tradicional posición de neutralidad sobre las Malvinas, deslizando la posibilidad de oponerse a la soberanía británica sobre el archipiélago. Sabemos que Trump se siente traicionado por el Reino Unido porque no apoyaron a Estados Unidos en su guerra contra los ayatolas iraníes que planificaban “raer a Israel de la faz de la tierra”, y no solo a los judíos, ellos también desde hace décadas vienen traicionado también a los cristianos, prohibiéndoles expresar su fe en el espacio público, incluso arrestándolos si oran cerca de una clínica abortiva. Librar a los malvinenses de la sharía y conservarlos para el evangelio, es nuestra política evangélica.
