Democracia y genitales.
La paridad que proponen distorsiona, y eso es fraude electoral, similar al boliviano y venezolano

 

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La paridad, la inclusión y los cupos reservados constituyen un fraude a una elección democrática, como las hemos conocido y practicado desde siempre. Los Partidos Políticos de la oposición con el apoyo de algunos RN y el Partido desubicado (Evópoli, ¿Qué hace en un conglomerado de derecha?), están tan empecinados en el método, con lo que demuestran una displicencia absoluta en lo que realmente importa de la nueva Constitución, que son los Contenidos. Que el profesor de Derecho Constitucional don Jorge Correa Sutil haya dicho en un seminario para pastores que, lo más probable es que la nueva Constitución sea Laicista, les resbala, que el senador Girardi haya declarado que, la nueva Constitución no incluirá el Derecho de Propiedad les importa un pepino.

 

 

Las politólogas, que despliegan sus planos de Arquímedes, para explicar las ondas magnéticas y los rayos cibernéticos, están a punto de decirnos que; “De los cuatro años del periodo presidencial, lo justo, lo moral, lo moderno y lo paritario, es que se eche a la suerte, si los primeros dos años gobierna el Presidente que fue elegido, o la primera dama. Que si hay cincuenta monumentos a José Miguel Carrera, se deberían corregir la mitad, con la cara de doña Javiera, bailando la refalosa”. La democracia nunca fue concebida en base a los genitales, y nunca ha sido determinada por la capacidad de engendrar o concebir. La modalidad paritaria, con cupos reservados, apunta a la distorsión, y esto es fraude. Jesús dijo: “… en aquella noche estarán dos en una cama, el uno será tomado, y el otro será dejado.”

 

Les adelanto que una Constitución Laicista obliga al Estado a eliminar toda influencia religiosa y eclesiástica, expresamente prohíbe al Estado permitir y financiar clases de religión en las escuelas públicas, prohíbe las capellanías en las FFAA y las reparticiones como el Palacio de La Moneda, los hospitales y las cárceles, impide a los Presidentes asistir a los Tedeum y mencionar a Dios en sus discursos, castiga a los funcionarios que cuelguen en el cuello crucifijos y hablen de religión con sus compañeros y público. Intendencias, gobernaciones y municipalidades tendrán expresamente prohibido los pesebres de Navidad, enviar tarjetas con motivos religiosos. La cultura propia de los chilenos, legitimada en el calendario, será agredida, porque se eliminan los feriados religiosos, Semana Santa, Navidad y el Día Nacional de la Iglesia Evangélica.

 

Una nueva Constitución Política sin el derecho de propiedad, traerá la expropiación de nuestros edificios de culto, que hemos construido haciendo sopaipillas y empanadas, y trabajando con nuestras propias manos, y que serán transferidos al Estado, que será el dueño de todo. La eliminación del derecho de propiedad afectará especialmente a las iglesias históricas, esas que han construido templos y escuelas que constituyen iconos arquitectónicos en Valparaíso, Santiago, Concepción, a las iglesias que surgieron con el avivamiento, que en estos más de cien años, han construido cientos de templos, pienso en la Metodista Pentecostal, en la IEP, en la Unida, la Pentecostal de Chile. Al pasar a ser propiedad del Estado, será el gobierno quien ordene lo que se predica, como se sucede en China, Cuba y en Corea del Norte.

 

Los Partidos de la oposición, Evópoli y algunos RN, no cumplieron con la palabra empeñada en el Acuerdo Histórico, y dándose un gusto mediático le añadieron clausulas impertinentes, por lo que corresponde, como un acto de honestidad, compromiso con la verdad y patriotismo, que la Unión Demócrata Independiente congele su estancia en Chile Vamos, lo que nosotros vemos con agrado y apreciamos con esperanzas, en el sentido que aguardamos que la UDI asuma un liderazgo en la Campaña por el NO a una Nueva Constitución. Ya es conocido por todos, incluso de la Presidencia, como lo ha expresado claramente nuestro Representante Protocolar, los evangélicos vamos a marcar RECHAZO el domingo 26 de abril. La que protege la vida del que está por nacer y establece a la familia como núcleo fundamental, esa es nuestra Constitución.