La guerra del Presidente es nuestra guerra
El enemigo es poderoso, implacable y violento, pero fueron y serán derrotados, porque somos más

 

 

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Muchos han levantado la voz para negar la guerra, pero, este negacionismo es una estrategia de guerra, exitosa, porque perturba incluso a los líderes militares, que llegan a declarar, que no están en guerra con nadie. Pero, examinemos los hechos reales: Grupos, organizados, con las herramientas propias, a la misma hora, llegan a diferentes estaciones del Metro, las destruyen y las queman, Estas acciones no son una protesta, no son una manifestación ciudadana, no son un reclamo social, constituyen un acto de guerra, que apunta a inmovilizar y a neutralizar a un enemigo. Ahora, veamos los hechos culturales: Grupos, organizados, con recursos, llegan a la academia, a los medios de comunicación, para atacar los valores tradicionales de nuestra sociedad, como la protección de la vida, el matrimonio entre un hombre y una mujer, la inocencia de los niños, y el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos. Si señores, estamos en guerra, y la guerra del Presidente es nuestra guerra.

 

Y si se trata de caracterizar a los enemigos, ellos son los que quieren imponer la ideología de género, el aborto libre, el matrimonio homosexual, la eutanasia, pero también lo son, todos aquellos que hacen desorden, los que roban, los que destruyen y los que queman, pues el Orden Público es un objetivo principal, Jesús nuestro líder, quiere que: “vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” Ciertamente, los enemigos son poderosos, implacables y violentos, lo hemos visto y experimentado en estos días, en nuestro país, en nuestras ciudades y en nuestras poblaciones. El poder de fuego lo potencian con aceleradores químicos, como lo informan los expertos, y la violencia es implacable, apedrean el edificio y amenazaron a los residentes con incendiarlo, todo porque de los pisos superiores les tiraron baldes de agua. Y la mayor violencia, salir a protestar, aprovechando la confusión, el pánico y el temor que produjeron los atentados terroristas. Protestar el mismo día de un ataque, es cobarde e inmoral, es como se dice popularmente, “patear en el suelo”

 

Les extendemos nuestras manos al Presidente, y a todas las autoridades políticas, y comprometemos nuestras oraciones por la Constitución Política y el Estado de Derecho, y por cada soldado, marino, carabinero y policía que tiene la responsabilidad de defenderla. Un líder político, un artista y un deportista tienen el derecho de pedir que renuncie el Presidente, el mismo que tenemos nosotros, para pedirle al Presidente que se mantenga firme en su cargo, fue elegido democráticamente por una inmensa mayoría, y su mandato termina el 11 de Marzo del 2022. Los que votaron por el otro candidato y que fueron derrotados, tienen que aceptarlo, así es la democracia, así es la moral política y así lo exige el honor, de todos los que voluntariamente participan en un proceso electoral. El Presidente lo ha hecho bien, es el mejor Presidente que se requería para los tiempos difíciles, que se viven cuando las potencias entran en una “guerra comercial”

 

Que le quede claro a todos, hemos estado y estamos en guerra, y la evidencia es que la biblia, nos llama “soldados,” y a nuestro gran Jefe, Jesucristo, se le presenta como un gran “general” ¡Qué cantidad de himnos evangélicos exaltan a Jesús como un General! La guerra cultural y comercial, a la que alude el mandatario, esa que diseñó Gramcsi, que alienta el Foro de Sao Paulo y que ejecutan los saqueadores y pirómanos locales e inmigrantes, la ganaremos, porque somos más, en verdad somos muchos, mírenos, estamos en las calles y plazas del país, todos los domingos, invierno y verano, llueva o brille el sol. Antes, solo iglesia, solo cantos, solo oraciones, pero ahora, estamos aprendiendo a votar, a votar valoricamente. Somos como los obedientes soldados que protegen las calles, no respondemos a las risas, burlas e insultos. Nos discriminan como a nadie, los analistas políticos nos ignoran y ningunean. A muchas autoridades regionales les pedimos audiencia, y jamás nos atienden, pero no importa.