Presidente de los Estados Unidos de América Donald Trump reconoce a Jerusalén,  como la capital del Estado de Israel

 

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El miércoles 6 de diciembre del año 2017 será un día histórico para los Estados Unidos de América, un impacto profundo para los países, y un día de alerta para los 500 millones de evangélicos que hay en el mundo. Donald Trump ha dirigido un discurso a su pueblo, y a los pueblos del mundo para anunciar que reconoce a la ciudad de Jerusalén como la capital de Israel. Con este anuncio está dando cumplimiento, con 22 años de retraso, a una ley aprobada en el año 1995 por el Congreso norteamericano que establecía: “Jerusalén debe ser reconocida como la capital del Estado de Israel; y la Embajada estadounidense en Israel deberá establecerse en Jerusalén no más tarde del 31 de mayo de 1999” Este anuncio significa que a partir de esta fecha, el Departamento de Estado norteamericano, tiene la obligación de establecer un cronograma que indique la fecha de traslado de la embajada desde la ciudad de Tel Aviv a Jerusalén. Con este anuncio, el Presidente Donald Trump está cumpliendo una promesa de campaña que suscitó el mayoritario apoyo de los evangélicos de su país.

 

Los líderes de los países del mundo, incluido del Vaticano, se han mostrado impactados, y advierten de los riesgos que puede provocar esta decisión. Llama la atención la reacción del Presidente del Vaticano el papa Francisco que ha hecho declaraciones desmesuradas, que reflejan antisemitismo y sentimientos de superioridad: “No puedo callar mi profunda preocupación por la situación que se ha creado en los últimos días, hago llamado desesperado para que todos se comprometan a respetar el statu quo de la ciudad en conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas. Jerusalén es una ciudad única, sagrada para los judíos, los cristianos y los musulmanes, que veneran allí los lugares santos de sus religiones respectivas. Ruego al Señor para que esta identidad sea preservada, en beneficio de la Tierra Santa, de Medio Oriente y del mundo entero, y que prevalezcan sensatez y prudencia, para evitar añadir nuevos elementos de tensión en un panorama mundial ya convulso y marcado por tantos conflictos crueles.”

 

Los que conocen la historia, saben bien que la ciudad de Jerusalén le pertenece a Israel, fue conquistada hace 3.000 años por el ejército de Israel al mando del rey David. Los judíos tuvieron que abandonarla el año 70, pero en la guerra de los seis días la recapturaron hace más de 50 años atrás, y la administran con responsabilidad, orden, sabiduría, inteligencia y tolerancia. En Jerusalén funciona el gobierno, el Congreso y el Poder Judicial de Israel, es la ciudad donde reside el primer ministro. Los judíos administran y conservan los lugares sagrados como nadie lo haría, ahora mismo hay cuadrillas de obreros especializados haciendo mantención en los pasillos subterráneos del sector donde está el muro occidental del Templo. Bajo el gobierno de Israel, los lugares sagrados se mantienen en perfecto estado de conservación, y la libertad para que judíos y cristianos los visiten es completa y el sector musulmán está a cargo de sus propias autoridades religiosas, y todos saben y aseguran que el status quo no cambiará. El Vaticano y todos los países deberían celebrar y unirse a Trump.

 

Ahora, es necesario informar para conocimiento interno, que detrás del anuncio de  Donald Trump está la ideología cristiana. Trump llegó a la presidencia gracias al voto evangélico, que le pidió eliminar las trabas instaladas por Obama, tanto a la libertad Religiosa  como hacia el Estado Israel.  Una vez en la presidencia, Trump ha cumplido lo que prometió, designo un juez conservador para la Suprema Corte, ordenó al Departamento de Justicia no defender la ley impulsada por Obama sobre el uso de los baños escolares por los transgénero, y ha reconocido a Jerusalén como la capital de Israel. La ideología cristiana ha sido construida con los aportes filosóficos del calvinismo, el puritanismo y el dispensacionalismo, este último, enseña que Dios tiene vigentes y cumplirá todas sus promesas hechas a Israel (Romanos 9 – 11). Corresponde entonces al evangélico bendecir a Israel, esto significa amar, apoyar y defender a Israel. En Chile, no le vamos pedir tanto a Piñera como reconocer, si pedirle que reactive el anuncio de Marzo del 2011 en Jerusalén, suscribir un Tratado de Libre Comercio entre Chile e Israel. 

 

Y como era de esperar, rápidamente el gobierno de Chile través del Canciller y la página web del ministerio de relaciones exteriores, entregó un Comunicado de Prensa en el que señala que: “Considera que Jerusalén es una ciudad con estatus especial cuya soberanía debe ser resuelta por Israel y Palestina, y califica como ilegal la ocupación y control israelí sobre Jerusalén Este.” ¿Qué les parece? El gobierno dice que la soberanía de Jerusalén debe resolverse entre Israel y Palestina y a continuación califica como ilegal la ocupación israelí. ¿Les parece un Comunicado racional? Respetuosamente nos permitimos recordarle al gobierno, que Israel está allí porque ganó una guerra, de la misma manera como nosotros los chilenos estamos en el norte del país, porque le ganamos una guerra a Bolivia. ¿Por qué la ocupación chilena es legal y la de ellos no? Y, cómo se atreve a calificar de ilegal, algo que tienen que resolver ellos? ¿No les parece canfinflero el Comunicado, mis estimados colegas pastores? 


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